Volver al pasado

Por Eduardo Ledesma
@EOLedesma

LA POLITICAS Y SUS USOS DE CAMPA√ĎA

 

Muchos manuales de consultor√≠a pol√≠tica sostienen una tesis dominante y comprobada de que las campa√Īas electorales e incluso las permanentes son mucho m√°s retrospectivas que prospectivas. Priman los argumentos relacionados con el pasado del que se sacan tajadas positivas y negativas, seg√ļn la conveniencia del momento.
Esta aseveraci√≥n de corte te√≥rico encuentra en el pa√≠s ejemplos confirmatorios a raudales. Pero no es todo: los movimientos pol√≠ticos de Corrientes elevan a la categor√≠a de teorema esas aproximaciones que aport√≥ la Comunicaci√≥n Pol√≠tica a lo largo de los a√Īos.
La referencia al pasado está muy presente en la Argentina: en el peronismo que recuerda a sus muertos, Perón y Néstor, y olvida estratégicamente a sus vivos: los 5 presidentes de aquella semana trágica de 2001 y a Cristina Fernández de Kirchner, que respira bajo mullidas alfombras de expedientes judiciales.
Y tambi√©n est√° en el radicalismo que ensalza a Alem, Illia, Balb√≠n y Afons√≠n pero ningunea a De la R√ļa, su fracaso y sus consecuencias derivadas.
En ese contexto, el clima de proselitismo espeso en el que está entrando esta nación, al parecer atonta al Gobierno de Mauricio Macri que no ceja en su amontonamiento de errores, los que podrían condicionar su medio término y con él toda su proyección de futuro. Sus buenas intenciones, debe saberlo el Presidente, no conmueven el corazón del peronismo que se recicla oliendo, persiguiendo y bebiendo la sangre de los débiles.
Pero m√°s all√° de la pol√≠tica, tampoco esos buenos deseos llenan la olla ni apaciguan la angustia de las clases excluidas y trabajadoras, que sienten en la espalda el peso del ajuste, en los bolsillos la inflaci√≥n y en toda su carne los despidos propios, de amigos o familiares. La vuelta a lo peor del cirujeo que perfil√≥ la √ļltima crisis terminal de la Argentina.

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Y Corrientes, que ahora marcha al ritmo del disco nacional, no est√° ajena a esa triste melod√≠a. Y a√ļn as√≠, el t√≥pico es el pasado. Es la materia que han elegido los estrategas del Gobierno de Ricardo Colombi para salir a barrer las aspiraciones del candidato peronista con el que -como pas√≥ en 2013-, el radicalismo y sus aliados menores saldr√°n a confirmar la grieta electoral-pol√≠tica y a tratar de sobreponerse al obst√°culo de esa polarizaci√≥n.
Para el colombismo y su troupe de ‚Äúaspirantes‚ÄĚ, Camau Esp√≠nola es el pasado: el kirchnerismo, los bolsos de L√≥pez, las obras de De Vido y la billetera de B√°ez; la prepotencia de Cristina, la indiferencia organizada y sistem√°tica del Estado o, recientemente, la farsa de Milani, el general represor con el que el cristinismo sostuvo su pol√≠tica de Derechos Humanos. El castillo de naipes de ese cuento acaba de implosionar.
Para el peronismo fabi√°n-camausista, en tanto, que por un rato entendi√≥ que hab√≠a que buscar al enemigo afuera, el pasado est√° corporizado en Macri: en el neoliberalismo, en los ajustes, en las mentiras sistem√°ticas, en las fallas pol√≠ticas que abrevan en la fuente de los imberbes (o de los imb√©ciles) y en los datos que le reflejan sus propias planillas de Exxel: en poco m√°s de un a√Īo de Gobierno, Macri y otros 50 funcionarios suyos ya est√°n imputados por hechos de corrupci√≥n.

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(¬ŅEst√° claro? que) no es lo mismo tirar bolsos llenos de dinero a un convento, traer o sacar plata en aviones, o enriquecer a tu familia completa, que perdonarle a tu pap√°, desde el Estado, unos 70 mil millones de pesos, mientras por otro lado le sacas ‚Äú20 pesos‚ÄĚ a los 7 millones de jubilados por en ‚Äúerror de c√°lculo‚ÄĚ. Que no es lo mismo tener a un represor montando escena como guardia de los desaparecidos, que un aduanero que reivindique a los represores. ¬°Qu√© cosa! ¬°T√°n distintos, tan iguales!
La retrospección, queda demostrado, es un camino peligroso. Lo es en la Nación y lo es también en Corrientes. Sobre todo porque los que disputan el control del Gobierno en todos sus niveles tienen más pasado que futuro y un presente de quietud y mentira.
Debería tener cuidado el Gobierno de Corrientes cuando habla del pasado, porque sacando cuentas, si el kirchnerismo es pasado, el colombismo ya lleva en el poder más que los Kirchner y sus crías. Y eso sin hablar de aquellas épocas en las que compartían escenarios y hasta afiches electorales.
La oposición peronista, por su parte, tiene en su carga genética parte de lo poco bueno y lo mucho malo que le pasó a este país. Cuando estuvo porque estuvo y cuando no, porque hizo lo posible y lo imposible para volver haciendo zancadillas y repartiendo codazos.
El peronismo, que es al√©rgico al llano, deber√≠a en alg√ļn momento hacer su mea culpa. Un paneo basta para ver entre sus filas la condensaci√≥n de promesas sustentadas el curiculum de algunos de sus miembros, pero tambi√©n el prontuario de lo m√°s nefasto de la historia reciente del pa√≠s, y tambi√©n de Corrientes: dirigentes extraviados, sin votos y da√Īinos que han hecho del travestismo pol√≠tico su forma de vida. Y que devienen hoy -porque los han dejado- en generales plenipotenciarios que se aprovechan del desprecio interno en el que transcurre el PJ correntino detr√°s de la ret√≥rica del consenso.

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El panorama no es el mejor. El pa√≠s se debatir√° este a√Īo entre dos formas de pasado: entre el que encarna el kirchnerismo-peronismo y el que encarna el macrismo-menemismo-aliancismo. Dos formas de gobierno: el del call center atendido por pasantes o el del l√°tigo de los barones y baronesas. Por el momento al menos no hay posibilidad de s√≠ntesis.
El gobierno de Corrientes se desmarca: está aprendiendo a usar su call center, trolls y demás servidores humanos de propagandas varias, pero siempre respondiendo a la matriz de otro tiempo, analógica y ciertamente autoritaria: la de un líder que manda y del resto que se encolumna. Cualquiera que encarne un desafío a ese andamiaje no tiene otro destino más que el de la morgue de los burócratas ambiciosos.
Es dif√≠cil, en ese contexto, que unos y otros hablen de las bondades de la democracia que no practican ni entre ellos. El radicalismo primero y el PJ la √ļltima semana, dieron muestras de gambeta electoral que atiende a m√ļltiples razones, todas ellas ponderables, pero que socavan el sistema, minimizan la participaci√≥n ciudadana y terminan reduciendo la pol√≠tica a las l√≥gicas primitivas de mando que se hered√≥ de la revoluci√≥n francesa: el gobierno de elegidos.
Y después está el discurso que se estructura en esa urdimbre funcional. Un referente de ECO+Cambiemos dijo la semana pasada que Espínola no puede ganar porque ya perdió en 2013. En el mismo acto y en la misma radio, ese mismo senador-candidato ponderaba la candidatura de Tassano, que paradójicamente también ya perdió, en 2009.
En paralelo, un referente del PJ-FPV dijo que si llega al poder pujará para evitar que los funcionarios se enquisten en el poder. Daría por terminado, prometió, con aquellos que no conocen otro trabajo más que cobrar del Estado desde que se fue la dictadura.
Se refería al cargo de gobernador y esa prohibición ya está en la Constitución, pero lo que plantea el muchacho es un régimen al estilo norteamericano: dos períodos y a la casa.
Se trata de un acto de voluntarismo puro si se tiene en cuenta que en el mismo sector que él lidera, para estas mismas elecciones, postularán a candidatos que tratarán de encontrar una hendija judicial para burlar las trabas de continuidad que hoy mismo tienen  la Constitución y las cartas orgánicas. Lo que se dice cinismo puro.
Ni hablar de las promesas. El colombismo hará hincapié en las promesas incumplidas de sus oponentes y, por el contrario, tratará de cortar todas las cintas posibles antes de las elecciones. La autovía de la Capital se inscribe en ese esquema. La obra la anunció CFK con Camau, pero la inaugurará -se cree- Macri con Ricardo.
De otro lado la zona de promesas es grande: viviendas, caminos, energía, trabajo. La Coca Cola que no viene no se sabe si por las condiciones fiscales del país o por las condiciones jurídicas de la provincia. Lo concreto es que no llega.
As√≠ es dif√≠cil la cosa. Tan dif√≠cil como la tiene el presidente. Seg√ļn el Macrimetro (una iniciativa civil, colaborativa y apartidaria que tiene por objetivo verificar el cumplimiento de las promesas de campa√Īa del presidente), Mauricio hizo en campa√Īa 265 promesas. Lleva en el cargo 435 d√≠as. Cumpli√≥ 10, incumpli√≥ 4, 27 est√°n en progreso y 224 promesas est√°n pendientes.

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Ojal√° una iniciativa como esta se ponga en marcha en Corrientes, entre otras cosas, para evitar que las barbaridades que se dicen tengan un m√≠nimo control que escape a la protecci√≥n de los medios, muchas veces demasiado cercanos a la l√≥gica del discurso √ļnico que con dinero p√ļblico se convierte en hegem√≥nico.
Alguien deber√≠a ponerle un coto a la paparruchada de defender el Iber√° hasta el 10 y entregarlo el 11 de diciembre; o la berretada de la emancipaci√≥n con la que se trata de encubrir la mas absoluta dependencia. Pas√≥ con el kirchnerismo. Pasa hoy con el macrismo. En fin, es peligroso hablar de pasado, m√°s a√ļn del pasado reciente que muestra m√°s continuidades que cambios.

fuente: Ellitoral.com.ar